El Valle de Antícara

Por Jesús Jurado Anaya

 

Antícara es una importante ciudad del sur de Estalia, en la que el movimiento comunero no tuvo gran importancia, cayendo la Junta mercantil a los pocos meses de su creación y volviendo allí la familia noble que la regía, los Chacón. Se agregó entonces al Reino de Garnata, rindiendo los señores del valle pleitesía al rey garnático.

 

El primer Chacón que gobernó Antícara y su fértil valle –uno de los más prósperos del Viejo Mundo- fue Ruy Chacón, que expulsó a los árabes de la zona y la defendió de las razzias orcas. La familia Chacón fue siempre aliada de la Inquisición y muy enemiga de los adoradores de Khorne, que bajan de las frías montañas de la Sierra de Garnata para añadir almas a su infernal ejército.

 

Don Gonzalo Chacón, actual Señor del Valle, es partidario de la unificación de Estalia y de la unión de ésta con el Imperio (de ahí su lema Ut unum sint, “para que sean uno”), pues quiere terminar con el atraso de Estalia y su aislamiento internacional. Por esta razón acudió en ayuda del emperador Karl Franz cuando éste la necesitó en sus guerras de Tilea. Esto le sirvió para modernizar su ejército, ahora uno de los más desarrollados de Estalia, aunque le granjeó la enemistad del rey de Garnata, Don José de Corduba, al apoyar a Diego III en sus intentos de unificación. El ejército de Don Gonzalo combina ahora la tecnología y la magia imperiales con los tercios estalianos y los ejércitos nobiliarios del Sur de Estalia (caballeros y arqueros bretonianos). Así mantiene a raya los cada vez más numerosos orcos de la Sierra de Rundea y los ejércitos del Caos enviados por el maléfico rey de Garnata, adorador de Khorne.

 

 

La batalla del Valle de Antícara: A finales de 2590 (febrero de 2002 d.C.), surgió un Kaudillo de entre los orcos de Rundea, que entró en negociaciones con el Devorador de Almas, señor del Caos en esta zona. Ambos decidieron invadir las tierras del molesto Gonzalo Chacón, aprovechando que había ido a Magritta a socorrer a Diego III del ataque de Enrico “el cruel” que tenía cercada la ciudad. Estando en Magritta le llegaron nuevas sobre los movimientos de tropas de sus enemigos. Expuso su problema al Senado y la Inquisición consiguiendo hacer una tregua entre todos los humanos de Estalia para combatir al Mal en el Valle de Antícara. Formóse así un gran ejército que fue dirigido por el Rey, por el conde de Portúa y por Juan de Urbina, mano derecha de Chacón en el aspecto militar. El señor del Valle no pudo partir pues fue al Imperio a entrevistarse con el Emperador para conseguir ayuda en forma de milicias ciudadanas, sin conocer el resultado de sus súplicas hasta varias semanas después, lo que no le permitió asistir a la batalla que había de producirse.

 

Durante el transcurso de la batalla murieron el rey, el conde de Portúa y el inquisidor Fray Jerónimo en desafíos con héroes enemigos, quedando solo Diego de Urbina al frente del ejército, muy menguado pues la mayor parte de las tropas reales habían huido al morir sus jefes. Aún así tuvo valor el General Imperial para aceptar un último desafío con el Kaudillo orco, matando al pielverde valerosamente, lo que hizo poner en fuga a la inmensa mayoría de los orcos. La infantería estaliana demostró entonces su superioridad aniquilando a unidades completas de caballería e infantería del Caos que huían del combate cuerpo a cuerpo. Fue, en definitiva, una batalla épica en la que el ejército estaliano supo comportarse, con un final apoteósico: la caballería real (al estilo bretoniano) persiguiendo a los monstruosos Demonios, los sufridos alabarderos exterminando a la orgullosa caballería y los piqueros pisoteando a los aterrorizados hombres bestia.

 

Cuando Don Gonzalo Chacón recibió la noticia ordenó apesadumbrado a su capilla rezar a Sigmar por todos los caídos en la batalla, sobre todo Diego III y Enrico. Pero pronto reaccionó frente a la compleja situación y antes de que el Caos y la anarquía feudal se adueñasen del reino se autoproclamó Rey de Estalia, ocupando con sus victoriosas legiones Magritta y Bilbalis. La unificación estaliana estaba más cerca que nunca, pero el conde de Zaragoz, sus aliadas las marcas Irranias y el resentido rey de Garnata se oponían a su grandioso proyecto.

 

-La batalla de las mesetas bárdulas: El ejército orco que había huido en Antícara a la muerte de su Kaudillo se reagrupó y se hizo fuerte en su enclave de Jarbaz-Etez, en Bardulia. Todavía no había llegado Don Gonzalo de Altdorf y fue Urbina quien dirigió el ataque, que pese al gran número de bajas ocasionadas por los arqueros orcos y lanceros goblins antes del combate cuerpo a cuerpo consiguió una victoria decisiva, aniquilando el 80% de los pielesverdes. Pero la ausencia del nuevo rey ha hecho temer a las ciudades estalianas que el país vaya a ser gobernado siempre desde el Imperio, anteponiéndose los intereses de Karl Franz a los de Estalia. Ha comenzado así una conspiración que habrá de traer muchos problemas a Gonzalo I.

 

 

Cuando volvió Don Gonzalo de Altdorf, lo hizo con grandes noticias. El emperador no le había concedido milicias ciudadanas, pero sí todo un ejército de infantería y artillería que junto a los Grandes Espaderos y la Orden de Caballería del Águila Imperial le protegía por completo de los conspiradores estalianos, especialmente los comuneros y nobles reacios a abandonar su estatus, personificados en la persona del gran General Gonzalo Fernández de Corduba, primo del rey garnático. Pero el rey no quiso iniciar su reinado con problemas, así que concedió al nuevo general –que sustituyó a Juan de Urbina- bastantes tropas, prometiéndole aún más, e inició una campaña contra el gran Waaaahg! Orco que venía de Tilea, apoyados por su sempiterno aliado, el Devorador de Almas y su horda caótica. En esta batalla surgieron diferencias entre los dos Gonzalos, y el de Corduba quedó un poco molesto. No tuvo vencedor real, pues aunque el Caos perdió paladines y Señores de la Guerra, el Imperio se mantuvo y los incontables orcos sufrieron importantes bajas sin llegar a quedar nada claro. Los enemigos se retiraron, dejando vía libre al enfrentamiento entre el Rey, deseoso de unir esta tierra al Imperio para sacarla de su aislamiento y retraso, y los nacionalistas que prefieren mantener el actual estatus pues temen perjudicar a su país con la unión. Los reyes de Garnata y Zaragoz preparaban mientras tanto un plan para recuperar sus antiguos territorios.

 

Gonzalo I quiso demostrar su superioridad militar a sus súbditos haciendo una precipitada incursión en territorios orcos de la Sierra del Diablo, resultando un fracaso, en el que perdió muchos estandartes. Airado, dos días después y con refuerzos, se lanzó con un esmerado plan a tomarse la revancha. La batalla estaba resultando un éxito, una masacre de pielesverdes, hasta que un goblin fanático, sin saber ni lo que hacía, se lanzó sobre el rey, matándolo en el instante. Tras un momento de estupor, las tropas echaron a correr, aunque la mayoría fueron contenidas por sus oficiales, aunque la caballería, el mejor regimiento, huyó. Pero el ejército, que quedó en manos de Fray Alonso de Valdés, un hechicero, pese a mantenerse firme, no encontró motivos para alcanzar una victoria –la cual hubieran conseguido sin duda- y se retiró del campo de batalla llevando el cadáver de su soberano hasta Magritta. La noticia se extendió en Estalia como un reguero de pólvora, y se levantó un gemido hacia el cielo, ¿por qué les abandonaba Sigmar?

Fernández de Corduba se quiso proclamar rey con el apoyo de la Inquisición, los comuneros y los nobles. Pero nadie sabía que Gonzalo I había dejado albacea de su reino al mismísimo emperador Karl Franz en persona! Este envió a un Conde Elector allí para hacerse cargo de las tropas imperiales allí afincadas y evitar así la pérdida de un territorio que podría aportar las riquezas de Lustria a las arcas imperiales. Mientras tanto volvió a hacerse cargo del ejército el viejo Juan de Urbina que inició la construcción de un monumento al difunto rey en Magrita, con ayuda de un arquitecto enano. La venganza sobre los orcos y la guerra civil se avecinaban en Estalia...

 

Nota: Hasta aquí llega mi trasfondo. Todo el que quiera continuarlo con sus ejércitos no tiene más que inventarse algo o bien asignar su tropas a imperiales o a estalianos. Me gustaría que me informarais si lo hacéis con un e-mail a felipesegundo14@hotmail.com

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