DERROTADO
Derrotado. Thyrus Gormann, gran patriarca de los colegios de la magia había sido derrotado. Ya no ostentaba ese cargo, ya no era el mago más poderoso del imperio. El, que había servido fielmente al emperador durante estos últimos años ya no era el mejor. No era digno de seguir siendo el lider del colegio de fuego, lo había abandonado todo, como un ermitaño huyo al bosque. Pasaron meses hasta que al fin volvió a dar señales de vida.
Middenheim fue la ciudad en la que aparceió. El conde elector Boris le acogió en su corte, preocupado por su estado de animo, pero Thyrus no parecia muy interesado en el conde ni en la corte. estaba apatico, falto de ganas. Sin duda su capacidad mágica había mermado. Una noche el conde elector paseaba por las almenas de su castillo cuando vió a Thyrus que observaba las estrellas.
- Hace una buena noche para pasear.
- Si - Responió Thyrus sin prestar casi atención.
- ¿Que os pasa amigo? - Boris se atrevió por fin a preguntar - Desaparecisteis unos meses, y apareceis en
mi ciudad, apatico, sin moral, sin ganas de vivir.
- Hubo un tiempo en el que yo era el mejor, en el que guiaba los ejercitos del emperador, pero mi soberbia
hizo que me distrajera, que me estancara. Baltazar me devolvio a la realidad, y la realidad es muy dura.
- Baltazar es un mago muy poderoso -Dijo Boris - Tened eso presente.
- Eso ya lo se, pero no me siento con ganas de seguir praticando magia.
- Pues debereis hacerlo pronto -Dijo Boris mientras miraba al Norte - He recibido noticias de la cercana presencia de
un gran ejercito al mando de un poderoso vampiro y voy a necesitar vuestra ayuda.
- El gris os servirá mejor que yo - Respondió Thyrus.
- El gris no esta aqui - Dijo Boris bajando la cabeza - Se produjo una revuelta en el norte de la provincia y se marchó
con gran parte de mi ejercito personal. Dentro de unos días partire al encuentro del enemigo. Os necesitaria a mi lado.
- No necesitais a un viejo inutil a vuestro lado - Dijo Thyrus mientras se retiraba hacia sus aposentos.
- Esperad - Boris le entregó una carta lacrada con el sello del emperador - El emperador sabía que habiasi llegado a mi
ciudad y os envió esta carta. Esperaba el momento oportuno para darosla.
- Buenas noches - Thyrus desapareció rapidamente, Boris se apoyo en las almenas y rezó a Ulric para
que devolviera a su buen amigo a la normalidad.
La mañana se presento fria, pero el conde se despertó enfermo. Fiebre. Estaba rojo de colera, no le podía estar
pasando esto en este momento. Recibió la visita privada de un Thyrus diferente con el que había conversado la noche anterior.
Sin duda, la misiva del emperador le había devuelto la ilusión.
- Amigo - Dijo el conde - no podre guiar mis tropas a la batalla.
- No os preocupeis, yo guiare vuestros ejercitos contra el enemigo -Dijo Thyrus resolutivo- Vos guardareis cama, ya que sereis la última
defensa si yo fracaso.
- Esta fiebre me impide hacer nada.
- En unos días se os pasara. Tan solo teneis un poco de calor.
- Thyrus ........ no habras.
- No hableis Conde, eso no os ayudará a recuperaros. Detendré a ese vampiro.